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EL COMPROMISO CON EL PAÍS NO SE DECLARA. SE DEMUESTRA.

Foto del escritor: Sandro Giorgi
Sandro Giorgi
hace 20 horas
2 min de lectura

Hay algo que me preocupa profundamente de ciertas empresas ecuatorianas. En sus campañas nos invitan a consumir lo nuestro, apoyar la producción nacional, sentir orgullo por Ecuador y construir juntos un mejor país.



¿Dónde queda entonces ese compromiso con lo nuestro?



Llevo más de 30 años trabajando en la construcción de marcas. He visto crecer empresas ecuatorianas, industrias y profesionales con talento y capacidad para competir internacionalmente.



También he visto cómo consultoras extranjeras ganan proyectos en Ecuador mientras profesionales nacionales, igualmente preparados, ni siquiera son considerados.



No cuestiono la competencia internacional. La conozco, la respeto y he participado en ella.



Cuestiono la falta de reciprocidad y, sobre todo, la incoherencia entre lo que algunas marcas prometen y lo que sus empresas practican.



Hace algunos años trabajé con clientes en Colombia y experimenté personalmente las barreras que enfrentábamos como consultora ecuatoriana. Allí comprendí cuánto valoraban y protegían su industria profesional.



En Ecuador, en cambio, pareciera que lo extranjero todavía recibe, en ocasiones, un reconocimiento que al talento local le cuesta décadas conseguir.



Y mi preocupación va mucho más allá de Latinbrand.



¿Qué futuro estamos construyendo para los jóvenes profesionales ecuatorianos si nuestras propias empresas no les ofrecen oportunidades?



¿Para qué formar diseñadores, estrategas, comunicadores e investigadores si después no confiamos en sus capacidades?



La sostenibilidad empresarial no puede limitarse a materiales reciclables, reducción de emisiones o campañas de responsabilidad social.



También significa invertir en talento nacional, contratar proveedores locales, fortalecer nuestra industria del conocimiento y crear oportunidades para que quienes estudian en el exterior puedan regresar y aportar al país.



No se trata de cerrar las puertas al mundo. Se trata de competir con reglas justas y reconocer el valor de lo que somos capaces de hacer aquí.



Las empresas tienen derecho a contratar a quienes consideren mejores. Pero las que construyen su reputación alrededor del orgullo nacional también deberían preguntarse si sus decisiones empresariales respaldan ese discurso.



Porque construir país no es una frase publicitaria. Es una decisión que se demuestra con hechos.



Y si queremos que los ecuatorianos crean en nuestras marcas, empecemos por creer en nuestros profesionales.



LATINBRAND | OBSERVATORIO


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